
El PP de Gran Canaria acecha el poder tras 15 años anestesiado
JOSÉ LUIS JIMÉNEZ
Hay una constatación antropológica fundamental que se adquiere al observar la periferia insular española: la miseria política no se erradica, simplemente muta de manos. En Gran Canaria, las oficinas huelen a moho institucional después de quince años de letargo socialista, un periodo lo suficientemente largo como para que el tejido celular de la Isla se haya vuelto completamente gris, insípido, reducido a una repetición estéril de subvenciones y promesas de desarrollo turístico que nunca llegan a materializarse.
En 1991, los pactos del PP en Gran Canaria eran con lo que hoy es Nueva Canarias y aguantaron años y años. Las prospecciones de Repsol en Fuerteventura condenaron a los populares al desierto porque no supieron leer en 2014 la llegada de Podemos al Parlamento Europeo y en 2015 se echaron a la bartola quitando del medio a quien era su líder institucional grancanario, José Miguel Bravo. El nuevo líder del PP en Gran Canaria viene de esa camada satauteña que tiene claro que sin Las Palmas capital, no hay nada que hacer.
La fontanería del aparato y el flujo de caja
El PP grancanario de Carlos Sánchez intenta poner orden ideológicamente para dejar claro que el socio preferencial es Vox, reflejando el espejo simétrico de los pactos que el PSOE mantiene con Nueva Canarias. En el trasfondo burocrático de la contabilidad insular, la supervivencia de los aparatos orgánicos se sostiene mediante una ingeniería de transferencias perfectamente engrasada: las partidas reflejan 156.000,00 euros procedentes de las aportaciones del Grupo Parlamentario del PP Canarias a la dirección nacional (Catalunya aporta 50.000 euros), complementadas con otras asignaciones específicas de 46.800 euros para Las Palmas y 54.600 euros para Tenerife, a lo que se suman los 164.995,83 euros inyectados desde los grupos políticos locales de Las Palmas para lubricar la maquinaria de Génova.
En 2023, por la subvención de resultados electorales en Canarias, el PP en Madrid obtuvo 536.745,86 euros. Esa partida de 164.995,83 euros bajo el concepto de aportaciones locales no representa un envío de dinero hacia Madrid, sino el flujo interno dentro de la arquitectura del partido: son los fondos que los concejales y cargos públicos de Las Palmas detraen obligatoriamente de sus retribuciones y asignaciones corporativas para financiar la estructura orgánica en el territorio.
La catástrofe aritmética de las urnas
La catástrofe aritmética de las urnas no admite interpretaciones literarias. Las cifras de la última cita autonómica en la circunscripción de Gran Canaria demuestran la fragilidad de un sistema devorado por su propia inercia: el Partido Socialista resistió en la primera plaza con cinco escaños y 100.525 votos (el 28,04%), pero el Partido Popular arañó terreno hasta los cuatro asientos gracias a 76.546 papeletas (el 21,35%), consolidando un crecimiento inorgánico a costa de la descomposición del centroderecha periférico.
El desplome de Nueva Canarias (NC-BC), anclado en tres escaños y 52.235 sufragios (14,57%), evidenciaba ya el agotamiento de un nacionalismo de baja intensidad incapaz de retener su clientela funcionarial. En el extremo opuesto, la irrupción de Vox con dos escaños y 35.578 votos (9,92%) confirma que el malestar sistémico encuentra refugio en la simplificación ideológica, mientras Coalición Canaria retrocedía hasta un solitario escaño con 33.305 apoyos (9,29%). La abstención, rozando el 44,41% con más de 292.000 ciudadanos inanes, revela la indiferencia real de una población que observa la política como un espectáculo lejano, burocratizado y ajeno a su miseria cotidiana.
El pragmatismo de los pactos terminales
La perspectiva de un pacto electoral con Vox se asume con total indiferencia. A nadie le importan ya las etiquetas ideológicas ni los cordones sanitarios que tanto obsesionan en Madrid, especialmente cuando el partido convive con pactos puntuales con el PSOE en municipios como Arucas o Teror. En el crepúsculo de las democracias occidentales, cuando el elector medio sólo aspira a conservar su poder adquisitivo y a no ver degradado su entorno inmediato, la única categoría que cuenta es la eficacia numérica. Si la suma de escaños exige pactar con fuerzas de derechas para desalojar a la izquierda de las instituciones, se hará con la misma naturalidad con la que se firma un contrato de mantenimiento energético. La supervivencia del aparato justifica cualquier alianza.




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