
'Tal vez': la relación prohibida entre la trapecista Pinito del Oro y la poeta Natalia Sosa Ayala
ADOLFO MARTÍN
A finales de la década de los 60, el nombre de Pinito del Oro (María Cristina del Pino Segura) equivalía a la genialidad absoluta. Era la reina indiscutible del trapecio, una estrella mundial que desafiaba a la muerte a 14 metros de altura sin red de seguridad. Sin embargo, abajo, en la tierra firme y en la España gris de la dictadura, su corazón latía en un secreto absoluto. Un secreto que compartía con otra de las mentes más brillantes y sensibles de Canarias: la poeta y escritora Natalia Sosa Ayala.
Lo que comenzó como un encargo profesional para redactar las memorias de la trapecista, terminó convirtiéndose en una de las historias de amor más intensas, dolorosas y literarias de nuestra cultura. Una relación que, tras décadas a la sombra, ha vuelto a la vida gracias al cine y a las cartas que sobrevivieron al olvido.
Un flechazo entre bambalinas y serrín
El destino las unió en 1968. Pinito del Oro estaba preparando su inminente retirada del circo y necesitaba a alguien con una pluma afilada y sensible para plasmar sus vivencias. La elegida fue Natalia Sosa Ayala.
Para documentar el libro, Natalia se subió a la caravana del famoso Circo Price y acompañó a Pinito durante toda su gira por España. Compartieron kilómetros, noches de camerino, aplausos y confidencias. En ese ecosistema nómada, la admiración mutua dio paso a un romance apasionado. Natalia descubrió a la mujer vulnerable detrás del mito del aire; Pinito encontró un refugio intelectual y afectivo en los ojos de la poeta.
El dolor del silencio en la España franquista
Mantener un vínculo afectivo entre dos mujeres en la España de los sesenta era una heroicidad de alto riesgo. La homosexualidad estaba perseguida por la Ley de Vagos y Maleantes, y el coste social para una figura pública del calibre de Pinito del Oro habría sido la ruina absoluta de su carrera y su reputación.
Las presiones sociales y el peso de las convenciones terminaron por truncar la convivencia. El idilio físico se detuvo, pero el amor se transformó en una intensa y desgarradora relación epistolar que duró una década.
El desván que salvó su memoria
Pinito del Oro continuó con su vida mediática y sus propios libros, pero Natalia Sosa guardó aquel tesoro bajo llave. No fue hasta 1996 cuando la poeta decidió romper el silencio a su manera. En su obra Desde mi desván y otros artículos. Neurosis. Cartas, Natalia publicó parte de esa correspondencia íntima, transformando su dolor y su desamor en una experiencia poética colectiva.
Durante años, esta historia permaneció como un secreto a voces en los círculos culturales canarios. Sin embargo, la justicia histórica ha terminado por llegar. La cineasta grancanaria Arima León ha llevado este romance a la gran pantalla con su película dramática Tal vez, rescatando del anonimato el idilio de estas dos mujeres pioneras que se atrevieron a amarse a contracorriente.

Hoy, las cartas de Natalia y los recuerdos de Pinito ya no habitan en ningún desván polvoriento. Son el testimonio vivo de que, incluso en los tiempos más oscuros, el amor y el arte siempre encuentran la manera de volar alto.


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