
Museo de la Pesca en Mogán: el refugio donde el tiempo se detiene frente al mar
PEDRO MARRERO
A pocos metros del asfalto y las hamacas que definen el sur de Gran Canaria, existe un nuevo rincón que huele a salitre y madera vieja. Mogán ha decidido que su historia no se pierda entre las olas del turismo de masas y, para ello, ha levantado el primer Museo de la Pesca de toda Canarias.
Ubicado en el Parque Recreativo de Las Gallanías, este centro es un acto de justicia poética: un homenaje a quienes, con sus manos, levantaron un pueblo cuando solo había barquillos y horizonte.
'Mari Rita': El corazón de madera que dejó de navegar
Cruzar la puerta del Museo es reencontrarse con la realidad más cruda y hermosa del Atlántico. Presidiendo la sala, imponente, descansa la ‘Mari Rita’. No es una réplica ni un objeto decorativo; es una falúa auténtica que bregó durante décadas en la costa suroeste. Sus cuadernas han aguantado el embate de mil mares y hoy, jubilada de las olas, sirve de guía para quienes quieran entender qué significa ser marinero en estas islas.


Tradición con gafas de realidad virtual
El gran logro de Mogán ha sido saber casar el pasado con el futuro. El museo no es solo una colección de objetos estáticos; es una experiencia inmersiva. Gracias a la tecnología de realidad virtual, el visitante puede sentir en primera persona el balanceo de la falúa en alta mar.
Al enfundarse las gafas, te conviertes en un tripulante más: puedes vivir el frenesí de una levantada de nasas o el esfuerzo físico que supone el trajín de las cañas durante la zafra del atún y el bonito. El sonido de las gaviotas y el crujir de la madera te transportan al medio del océano, logrando que el turista entienda que detrás de cada plato de pescado hay una lucha diaria contra los elementos.

El rostro humano tras el aparejo
Más allá de la tecnología y los barcos, este museo es un álbum de fotos gigante. Las paredes están cubiertas de rostros con nombre y apellido: los de los hombres que salían al alba y las mujeres que remendaban redes y sostenían la economía en tierra. Es un reconocimiento a los cimientos de Mogán, esos que existían mucho antes de que llegara el primer hotel.
Para mantener esa atmósfera íntima y casi sagrada, el Ayuntamiento ha decidido que las visitas sean bajo cita previa. No se busca el ruido, sino el respeto. Mogán no solo ha abierto un museo; ha blindado su alma para que, por mucho que cambie el paisaje, el sonido del bucio y la estela de la 'Mari Rita' sigan vivos en la memoria de su gente.


Arucas sobrevive al pulso judicial: luz verde a la gestión municipal de los servicios de conciliación

Expropiación en Ingenio: El Supremo mete mano al silencio sobre expropiaciones por carreteras tras dos décadas de espera

El espejismo de los ingresos en Gran Canaria: la pobreza y el coste de vida siguen asfixiando a los hogares






Hablemos de hábitos en Menopausia: una jornada para informarse y compartir


