Playa Chica: el hallazgo en Gran Canaria que reescribe la economía prehispánica en Telde

Un estudio reciente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, publicado en PLOS One, sitúa en el siglo XI a un grupo humano que dominaba técnicas de procesado marino que hasta ahora permanecían en la penumbra
PATRIMONIO17/07/2026JOSÉ LUIS JIMÉNEZJOSÉ LUIS JIMÉNEZ

Restos-arqueologicos-en-Canarias-muestran-la-adaptacion-norteafricana-a-la-vida-oceanica

La arqueología suele concentrarse en los grandes asentamientos de altura o en las cuevas habitadas de Gran Canaria, pero Playa Chica cuenta una historia distinta: la de una población que, lejos de vivir de espaldas al océano, lo integró como motor principal de su supervivencia.

Un estudio reciente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, publicado en PLOS One, sitúa en el siglo XI a un grupo humano que dominaba técnicas de procesado marino que hasta ahora permanecían en la penumbra. Los restos hallados en este yacimiento del sureste insular no solo hablan de subsistencia, sino de una estructura logística sofisticada para la época.

Un puerto de secado en el siglo XI

La intervención arqueológica en Playa Chica ha sacado a la luz un espacio que se aleja de la definición convencional de vivienda doméstica. La ausencia de cerámica para uso diario, frente a la abrumadora concentración de escamas de pescado, anzuelos de colmillo de cerdo y herramientas hechas con cuernos de cabra, define el lugar como un centro industrial a pequeña escala. Estamos ante una factoría de procesado.

La actividad no era errática; era un sistema diseñado. El equipo de investigadores ha identificado un patrón claro en el uso del fuego: la selección deliberada de piñas de pino, un combustible que genera una humareda densa y sostenida a bajas temperaturas. A diferencia de la madera, usada habitualmente para el calor doméstico, las piñas buscaban un objetivo técnico. El humo impregnaba la carne de los peces, secándola lentamente y prolongando su vida útil para el almacenamiento a largo plazo. Esta técnica permitía que el excedente capturado en la orilla no se perdiera, sino que se convirtiera en un producto comerciable, capaz de viajar desde la costa hacia los asentamientos del interior de la isla.

La herencia norteafricana en el Atlántico

La llegada de poblaciones bereberes al archipiélago durante el Holoceno tardío no supuso una renuncia a sus raíces oceánicas, sino su potenciación. El estudio refuerza la hipótesis de que estos colonizadores trajeron consigo una capacidad de adaptación que, a menudo, los registros arqueológicos del noroeste africano han pasado por alto. La explotación de los recursos marinos en las Islas Canarias se revela como una extensión de las estrategias costeras del continente, pero refinada para un entorno insular donde el mar es, inevitablemente, la frontera final.

Las herramientas halladas —anzuelos de colmillo y piezas óseas— demuestran un conocimiento preciso de las especies costeras. La elección de redes y sedales, combinada con el procesado sistemático en los fogones, indica que no se trataba de una recolección azarosa. Las comunidades indígenas gestionaban la costa como un recurso renovable y planificado. Los datos recogidos en Playa Chica sugieren que la pesca no era un último recurso para evitar la hambruna, sino la piedra angular de una economía que permitía el intercambio.

Un centro neurálgico sin excavar

La singularidad de Playa Chica reside en su especialización. Jonathan Santana, autor principal del estudio, es tajante: la concentración de restos apunta a una actividad intensiva de procesado. Este enclave pudo haber funcionado como un nodo de abastecimiento, un punto de inflexión donde el producto del mar dejaba de ser materia prima para convertirse en mercancía.

No obstante, el hallazgo pone de manifiesto una carencia histórica: el vacío en la excavación de yacimientos costeros en Canarias. La arqueología tradicional, centrada durante décadas en las zonas elevadas, ha dejado este litoral en un segundo plano. Playa Chica demuestra que las respuestas a muchas incógnitas sobre la jerarquía social y la organización económica de los antiguos canarios están enterradas bajo la arena de la costa. Si los habitantes de Playa Chica procesaban pescado a esta escala, la logística de transporte hacia los núcleos del interior sugiere una red de caminos y acuerdos sociales mucho más compleja de lo que se había asumido hasta la fecha.

El reto de la arqueología atlántica

La investigación subraya la importancia de mirar hacia el mar para comprender el pasado de las islas. La vida en el archipiélago no se entiende sin la relación constante con el Atlántico. En este sentido, los investigadores proponen que Playa Chica es solo la punta del iceberg. Otros puntos del litoral canario podrían ocultar instalaciones similares que permitirían cartografiar cómo se distribuía la producción alimentaria hace mil años.

El estudio de estas comunidades abre una ventana única para entender la evolución de las economías costeras en el Atlántico. Mientras la historiografía ha debatido sobre si los antiguos canarios eran fundamentalmente ganaderos o agrícolas, Playa Chica obliga a incluir el factor pesquero como un pilar irrenunciable. El procesado de alimentos no solo facilitaba la subsistencia; permitía crear un excedente, y el excedente, en cualquier sociedad humana, es el germen de la desigualdad, el intercambio y la complejidad política. La dieta de estas poblaciones era, en esencia, la prueba de una economía mucho más vibrante y conectada de lo que, hasta hoy, nos habían contado los restos del interior.

banner-favorito-Google-News

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto