
El arte de estar siempre en el bando ganador: la jugada 'maestra' de Marcial Morales en Gran Canaria
JOSÉ LUIS JIMÉNEZ
El poder no tolera los vacíos ni el noble descanso de los cementerios políticos. Los hombres cambian creyendo mejorar, una ilusión que empuja a los veteranos a reinventarse cuando las siglas que una vez gobernaron el Archipiélago no terminan de anclarse en Las Palmas capital. En ese tablero de ambiciones y repliegues, Marcial Morales Martín (nacido en Tuineje en 1958) ha decidido cruzar las aguas para cambiar de isla y de trinchera de cara a las elecciones municipales de 2027.
Todavía no hay foto suya dándose un baño en la playa de Las Canteras; pero tampoco la hay del candidato del PP, Poli Suárez, otro de los candidatos que por primera vez deberá intentar seducir a un electorado ajeno a su residencia habitual. La presencia de Morales en la candidatura de Las Palmas es producto de un acuerdo entre Fernando Clavijo y el entorno del nuevo partido de los alcaldes que han salido de Nueva Canarias en la Isla.
Designado el 10 de julio de 2026, día de Santa Brígida de Suecia, por unanimidad como cabeza de lista de la plataforma municipalista Primero Canarias —surgida de la fractura con Nueva Canarias y aliada con Coalición Canaria y el Bloque Nacionalista Rural (BNR) de Teodoro Sosa—, el exconsejero autonómico aspira ahora a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria. Se trata de quitar el poder al PSOE, operación que una vez le salió bien a Morales cuando participó en las negociaciones para desalojar a Jerónimo Saavedra de la presidencia autonómica en 1993 tras un pacto con ATI, ICAN, resto de fuerzas insularistas, y su Asamblea Majorera.
La jugada responde a esa estirpe de supervivientes institucionales que entienden la política no como un dogma, sino como una técnica de adaptación. Como bien demostró el duque de Otranto a lo largo de los cambiantes regímenes de la Francia revolucionaria e imperial, el secreto de la supervivencia radica en que "las amnistías son las únicas leyes que se graban en el corazón de los pueblos, mientras que las condenas solo sirven para sembrar el odio", afirmaba Fouché.
Bajo esa misma lógica de perpetuación, y tras una dilatada hoja de servicios iniciada en 1993 —cuando asumió la Dirección General de Servicios Sociales hasta 1999, pasando después a la Consejería de Empleo y Asuntos Sociales entre 1999 y 2003, la alcaldía de Puerto del Rosario de 2005 a 2015 y la presidencia del Cabildo de Fuerteventura de 2015 a 2019—, Morales superó el rigor de los tribunales tras hacer frente a cuatro procedimientos judiciales archivados o resueltos con su absolución. Aquella tormenta jurídica, impulsada en su día por la estrategia del Partido Popular, buscaba desalojarle en los estrados de lo que los votos blindaban en las urnas.
Lejos de quedar recluido en su labor social en la Fundación Canaria Yrichen o el Comedor Social San Pedro en La Isleta, el exmandatario majorero resurge bajo el amparo de los nuevos reinos de taifas municipalistas que lideran alcaldes como Teodoro Sosa en Gáldar y Óscar Hernández en Agüimes. En su puesta de largo en la capital grancanaria, donde ha residido durante distintas etapas a lo largo de casi treinta años, Morales apeló a la eficacia pragmática: un ayuntamiento que limpie calles, controle plagas, cuide parques y ordene la plantilla municipal tras prometer que se le iba a dar un meneo importante a la gestión local.
La mutación de los partidos y el reciclaje de los rostros conocidos demuestran que las estructuras de poder regional solo mudan de piel para conservar intacto el control de los presupuestos. Mientras los rescoldos del histórico pacto nacionalista de 1993 se apagaron tras perder su hegemonía en instituciones clave, figuras como Morales demuestran que el viejo arte del gobernante consiste en saber leer el momento oportuno, abandonar el refugio de la retirada anunciada en 2019 y regresar desde la retaguardia para disputar el tablero de la ciudad más poblada de las Islas.


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