
El Pino atrae mareas
JAVIER ROSALES
El otoño en Gran Canaria no es de oscuras golondrinas y cielos cubiertos. La Isla se prepara para recibir sus Mareas del Pino con sus diferentes versiones, tanto en el empuje del Atlántico en toda su costa como en el norte agrícola y tradicional, o en el sur turístico que es ocupado por multitud de ciudadanos de Europa que huyen del frío de sus largos inviernos y emigran en busca del clima agradable de las Islas Afortunadas. Una marea de grandes olas sobre el litoral, una marea humana de creyentes y parrandas, y una marea de turistas que disfrutan de la larga temporada invernal en su particular paraíso de sol y playa.
Las Mareas de Pino marcan la cita anual del gran reboso atlántico en el eterno combate entre la Isla y el océano, un territorio isleño donde Poseidón y Neptuno agitan las olas y hace brotar manantiales, a la vez que manifiestan su ira con terribles terremotos. Dioses mitológicos para unas islas de leyenda que en este mes recuperan sus fuerzas para el invierno con sus poderosas olas y la descarga de lluvia desde el cielo con la que apagar el calor volcánico de las entrañas de la tierra. La mayoría de estos turistas de costumbres migratorias llegan en septiembre para regresar en marzo o abril a sus países de origen, salvo alguna escapada navideña para compartir las fiestas más familiares del año.
Y entre dioses y creencias, es tradición que en este mes se celebre la festividad de la patrona de la Isla: la Virgen del Pino. El más importante evento religioso y folclórico de la Isla, con una multitudinaria manifestación del sentimiento de gran parte de la población que participa en la celebración con la mayor demostración de la personalidad isleña de alegría a través de valores etnográficos y tradicionales como homenaje a la memoria del pasado (reciente) y a los antepasados, gracias al encuentro parrandero de la Romería del Pino, la celebración de mayor atracción y tradición de la Isla que conmemora la aparición de la imagen de la Virgen en un gran pino que era lugar de culto de los antiguos pobladores de Gran Canaria.
Una herencia cultural agrícola y marinera que se transformó de forma radical y vertiginosa en el paisaje del turismo nórdico, en su paraíso, para quienes querían vivir sin los rigores del clima continental desde hace más de medio siglo, periodo en el que se ha producido la gran transformación de Gran Canaria y, en particular, de Maspalomas, convirtiéndose en el principal destino turístico europeo de invierno, y, también, el principal destino mundial para los países escandinavos. Miles de pasajeros que, como las golondrinas, llegan ateridos de frío desde los lejanos fiordos a las Islas Afortunadas para anidar junto al mar, bajo el cálido clima en suelo europeo ubicado en el Trópico.
El Atlántico ordena el final del verano
Las mareas más famosas de Canarias tienen nombre de mujer: Pino, y bañan profundamente las Islas para poner fin al estío, más o menos coincidiendo con la celebración en Teror de la Virgen del Pino, patrona de Gran Canaria, por lo que toman su nombre.
Las Mareas del Pino son un fenómeno que llama la atención de quienes se acercan a las playas para contemplar las grandes olas producidas por el mar de fondo, también conocido como 'reboso', que el diccionario de la Academia Canaria de la Lengua describe como "Mar de fondo con pleamar muy viva".
Estas mareas se originan coincidiendo con el equinoccio otoñal; debido a la situación de la luna llena, la marea alta viene acompañada de olas de gran tamaño y fuerza, dependiendo del viento que sople esos días, la presión atmosférica, o si viene acompañada de temporal. También, por el retorno de los huracanes que se forman en las latitudes tropicales y subtropicales, que se desplazan al Caribe, suben a la costa este de Estados Unidos y regresan a Canarias (acompañando a la Corriente del Golfo de México) como borrascas, que generan marejadas en el Atlántico y nos llegan como mar de fondo. No tienen una fecha exacta, aunque generalmente tienen lugar en septiembre, pero pueden producirse en los meses siguientes.
La espectacularidad de este fenómeno va pareja a la peligrosidad de un mar que se muestra con toda su fuerza y peligro para los bañistas.


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