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Plantación de café en Isla de San Jorge (Azores, Portugal), parte de la UE como Canarias. Su clima, con temperaturas suaves y abundantes precipitaciones, crea un ambiente propicio para el crecimiento de la variedad Arábica Typica que se cultiva aquí

Así, sin anestesia: La burbuja del café de Agaete, el rentable espejismo del único cultivo comercial de Europa. El documento técnico que ha hecho suyo el Gobierno de Canarias este mes de agosto en el Boletín Oficial de Canarias (BOC) para defender la Indicación Geográfica Protegida (IGP) en defensa de las singularidades del café de Agaete, en Gran Canaria, señala: "Es el único café cultivado en Europa a nivel comercial" empleando exclusivamente "la variedad Arábica Typica".

El documento está firmado por Juan Sosa Álamo en nombre de Agroagaete, el lobby de los agricultores de este municipio norteño. Que el norte de Gran Canaria produce café es cierto al igual que en la zona de Tunte o Mogán lo hubo y, quizás, sigue existiendo para consumo particular. Cuando el documento técnico llegue a Bruselas y caiga en manos de un funcionario portugués o francés, seguramente responderá: "Lo que ustedes digan, queridos".

El marketing moderno no busca verdades verificables, sino relatos blindados contra el escepticismo del consumidor. En el Valle de Agaete, al noroeste de Gran Canaria, la maquinaria promocional ha tejido durante décadas un dogma tan repetido que medio Archipiélago lo recita como una verdad revelada: el café local es el único cultivado a escala comercial en toda Europa. El bulo, secundado por un coro unánime de administraciones públicas, obvia deliberadamente la geografía continental y los mapas de la propia Unión Europea.

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Café de Agaete, ¿el único café de Europa?

Sostener semejante premisa exige ignorar que en las islas Azores, archipiélago portugués con idéntico estatus atlántico, se cultiva y comercializa café desde hace generaciones con idénticas ínfulas de exclusividad. En Azores (que no es una isla sino un archipiélago) sus productores locales señalan que "el único cultivo comercial de café en suelo europeo". Su producción se localiza principalmente en la isla de San Jorge, donde las condiciones climáticas y geográficas son propicias para un café de alta calidad.

La argucia publicitaria cumple una función económica precisa en un territorio saturado de turistas ávidos de experiencias exóticas. El relato del cafeto único transforma un barranco húmedo en un parque temático del paladar donde un kilo de grano se despacha sin pestañear entre 70 y 100 euros. Con una producción anual muy modesta, la burbuja ha alcanzado cotas de feria gastronómica madrileña, desfilando ante los focos mediáticos y seduciendo en su día a rostros populares como Alberto Chicote, quien paladeó en su día las notas de chocolate y regaliz de este supuesto milagro botánico. Las instituciones, los productores y los operadores turísticos participan en este aquelarre de folclore comercial porque alimenta una marca municipal imbatible, capaz de desviar coches de alquiler cargados de visitantes para que compren saquitos dorados a precio de zafiro.

La historia real del fruto en las Islas es bastante más prosaica y menos insular de lo que sugieren los folletos de agencias. El arbusto llegó al Archipiélago a finales del siglo XVIII impulsado por una Real Orden de Carlos III firmada en 1788, un mandato que encomendaba al marqués de Villanueva del Prado, Alonso Nava Gritón, la aclimatación de simientes americanas y asiáticas en los suelos tinerfeños de La Orotava. Desde allí cruzó a Gran Canaria de la mano de órdenes religiosas y permeó de manera residual por valles sureños como Tunte o Mogán, además de arraigar en fincas privadas de La Palma como la que la familia Cruz Leal cultiva para consumo doméstico desde hace dos siglos con simientes traídas de Cuba.

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En el Valle de La Orotava, en Finca Marañuela, a 400 metros de altitud en el norte de Tenerife, se cultiva y comercializa café I Foto: Finca Marañuela

Frente a la pretensión localista de inventar un récord europeo, los territorios ultraperiféricos de ultramar llevan siglos ganando la partida comercial a los barrancos grancanarios. Martinica, Guadalupe y sobre todo la isla Reunión, anexionada por Francia en 1642 y rebautizada en honor a los Borbones, producen desde hace trescientos años variedades tan cotizadas como el Bourbon Pointu, un arábica histórico muy anterior a cualquier iniciativa comercial del norte de Gran Canaria.

Despistar al comprador con exclusividades ficticias forma parte de ese capitalismo de postal donde lo importante no es la botánica, sino la narrativa capaz de justificar una factura desorbitada. Al final, el café de Agaete es excelente, pero su mayor virtud no reside en el suelo volcánico ni en la variedad Arábica Typica, sino en la impecable destreza con la que sus promotores lograron convencer a Europa de que el mundo se acaba en El Risco.

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