La Gran Canaria pierde a Manuel Alcaide y Nicolás Villalobos, dos figuras clave en la justicia y el desarrollo insular

Alcaide y Villalobos no se parecían en todo, pero compartían lo esencial. La discreción. El respeto por las instituciones. La convicción de que el trabajo bien hecho no necesita aplauso
OPINIÓN02/05/2026JOSÉ LUIS JIMÉNEZJOSÉ LUIS JIMÉNEZ
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Manuel Alcaide (izq.) y Nicolás Villalobos (dcha.) han fallecido en Gran Canaria este sábado 2 de mayo de 2026 I Imagen: La Gaceta de Gran Canaria

En Canarias hay una forma de estar en el mundo que no necesita hacerse notar. Consiste en sostener, en cuidar lo que funciona, en evitar que las costuras se rompan. Manuel Alcaide y Nicolás Villalobos de Paiz vivieron así. Desde lugares distintos, con responsabilidades diferentes, pero con una misma manera de entender el servicio público. Ambos han fallecido en Las Palmas de Gran Canaria este sábado, 2 de mayo, dejando una sensación difícil de medir: la de quienes estaban siempre, aunque no se vieran.

Manuel Alcaide Alonso nació en Santa Cruz de La Palma y dedicó su vida a la justicia. Durante décadas trabajó en la jurisdicción social, cerca de los conflictos reales de la gente. En 1993 asumió la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Eran años de construcción, de dar forma a una estructura aún joven. Lo hizo sin levantar la voz, con paciencia, con una idea clara de equilibrio. No buscó titulares; buscó que todo encajara.

Cuando se jubiló en 2000, pudo haberse retirado del todo. Eligió lo contrario. En 2002 aceptó ser Diputado del Común de Canarias. Cambió los grandes despachos por la cercanía con el ciudadano. Durante nueve años escuchó historias pequeñas que, en realidad, no lo eran tanto: retrasos, silencios, problemas cotidianos que se acumulaban. Su trabajo consistió en algo tan sencillo como insistir. Abrir puertas. Recordar a la administración que al otro lado había personas.

Nicolás Villalobos de Paiz, nacido en Lanzarote en 1945, recorrió otro camino. Se formó en la Universidad de Barcelona y en ICADE, donde aprendió a moverse entre el derecho y la economía. Pasó por la banca en España y Argentina antes de regresar a Canarias en 1982, en un momento en el que la isla cambiaba a gran velocidad.

Se integró en el tejido empresarial con naturalidad. Abogado, directivo, consejero. Su trabajo no se veía, pero se notaba: contratos bien hechos, proyectos que salían adelante, empresas que encontraban estabilidad. No era hombre de focos. Prefería el detalle, la precisión, la seguridad de que las cosas estaban en su sitio.

También participó en la vida política. Militó en el Partido Demócrata Popular de Óscar Alzaga, fue concejal en Las Palmas de Gran Canaria, y más tarde formó parte del Partido Popular, donde llegó a ser consejero insular, presidente en Gran Canaria y diputado en el Congreso de los Diputados. Nunca hizo de la política un escenario. La entendió como una tarea más, otra forma de contribuir.

Alcaide y Villalobos no se parecían en todo, pero compartían lo esencial. La discreción. El respeto por las instituciones. La convicción de que el trabajo bien hecho no necesita aplauso. Uno cuidó la relación entre la justicia y el ciudadano. El otro ayudó a dar estabilidad a la economía y a la política. Entre ambos, sin proponérselo, ayudaron a que Gran Canaria fuera un poco más habitable, más ordenada, más previsible.

Sus despedidas serán sencillas. Como fueron sus vidas públicas. Y, sin embargo, su ausencia deja un vacío sereno, de esos que no hacen ruido pero se sienten. Porque hay personas que no ocupan el centro y, aun así, sostienen todo lo demás.

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