El campo de Gran Canaria se encoge: Baja un 70% el uso de fertilizantes nitrogenados desde 2019

El campo de Gran Canaria no abandona. Se adapta. Menos insumos, más selección de cultivos, mayor presión sobre el agua. El modelo gira hacia explotaciones más contenidas, menos intensivas en químicos. La lectura optimista habla de transición ecológica. La real apunta a pérdida de escala
OPINIÓN08/04/2026JOSÉ LUIS JIMÉNEZJOSÉ LUIS JIMÉNEZ
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El dato no deja margen. El consumo de fertilizantes en Canarias se desploma mientras el campo de Gran Canaria pierde músculo productivo. Los abonos nitrogenados pasan de 5.023 toneladas en 2019/20 a 1.474 en 2023/24. Una caída cercana al 70% en apenas cinco campañas. No es eficiencia. Es contracción.

La misma tendencia se repite en el resto de nutrientes. Los fertilizantes potásicos bajan de 3.501 a 1.456 toneladas en ese mismo periodo. Los fosfatados caen de 1.031 a 634 toneladas. El retroceso es transversal. No hay cultivo que lo compense. No hay cambio tecnológico que lo explique por sí solo.

Gran Canaria concentra el impacto. Superficie agrícola limitada, presión urbanística, costes de insumos disparados. El agricultor reduce aplicación porque no le salen las cuentas. Menos fertilizante, menos rendimiento potencial. Ajuste silencioso que no aparece en titulares pero sí en los balances de producción.

El contraste con la Península es inmediato. Mientras comunidades como Castilla y León o Andalucía mantienen volúmenes superiores a las 200.000 toneladas de nitrógeno, Canarias se mueve ya en cifras residuales dentro del sistema nacional.

El Archipiélago apenas representa una fracción mínima del consumo total, que en España rebota hasta 816.594 toneladas de nitrógeno en 2023/24 tras el desplome de 2022/23.

El punto de inflexión se sitúa en 2021/22. A partir de ahí, caída abrupta. Subida de precios energéticos, encarecimiento de fertilizantes, incertidumbre en mercados agrícolas. El ajuste en Canarias es más violento por su dependencia exterior. Todo llega por barco. Todo cuesta más.

El campo de Gran Canaria no abandona. Se adapta. Menos insumos, más selección de cultivos, mayor presión sobre el agua. El modelo gira hacia explotaciones más contenidas, menos intensivas en químicos. La lectura optimista habla de transición ecológica. La real apunta a pérdida de escala.

El resultado es un sector que reduce consumo a mínimos históricos mientras España recupera parte del terreno perdido. Canarias se desacopla. Gran Canaria, en primera línea, redefine su agricultura a la baja. Sin fertilizante no hay milagro productivo. Sin rentabilidad no hay relevo generacional. El ajuste ya está en marcha.

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