
Agenda de eclipses que hay en Gran Canaria desde septiembre de 2025 a 2028
JOSÉ LUIS JIMÉNEZ
En la penumbra del cosmos, Gran Canaria se prepara para un baile celestial que, entre septiembre de 2025 y 2028, ofrecerá a sus ojos atentos una sucesión de eclipses que no solo oscurecen el sol o la luna, sino que iluminan la conexión eterna entre la tierra y el cielo.
El primero de estos acontecimientos tendrá lugar en septiembre de 2025, cuando un eclipse parcial de luna emergerá en el firmamento nocturno, como una sombra fugaz que susurra secretos antiguos. No será un eclipse total, pero su discreta aparición ya invita a contemplar el misterio de los astros, a recordar que la luz no es eterna, y que en su ausencia también hay belleza.
En abril de 2026, el sol cederá parcialmente su trono durante un eclipse solar parcial que podrá observarse desde la isla con la debida protección. Esta danza de luz y sombra servirá como recordatorio del equilibrio precario y constante que sostiene nuestra existencia, esa sincronía perfecta entre el sol, la luna y la tierra. El año 2027 traerá dos eclipses notables para los canarios: un eclipse lunar total en marzo, una oscuridad profunda que hará palpitar el cielo de un rojo intenso, la llamada “luna de sangre”, y un eclipse solar total en agosto, cuya franja de totalidad, aunque no tocará directamente la isla, se sentirá como un eco en las noches y días canarios, una promesa de renovación y asombro.
Finalmente, en 2028, la isla podrá nuevamente observar un eclipse lunar parcial, sutil como un suspiro, que cerrará este ciclo de eventos celestes, un ciclo que, como todo en la vida, invita a la reflexión, a entender que somos parte de un universo en constante movimiento, donde cada sombra que pasa sobre el sol o la luna es una invitación a mirar hacia arriba y contemplar nuestra fragilidad y grandeza.
A lo largo de los siglos, Canarias ha sido testigo silencioso de eclipses que despertaron la curiosidad y el temor de sus gentes. En el siglo XVI, los navegantes que arribaban a estas islas tomaban nota de aquellos momentos en que el sol o la luna se cubrían de sombra, interpretándolos como señales del destino o presagios de cambio. Se cuentan relatos de aborígenes guanches que, al ver la luna oscurecida, sentían el temblor de una naturaleza viva y poderosa, un diálogo mudo con el cosmos que los rodeaba.
Uno de los eclipses más recordados en la historia moderna fue el eclipse solar total del 11 de agosto de 1999, que aunque no tuvo la totalidad sobre Canarias, sí se observó como parcial y dejó una impresión profunda en quienes alzaron la vista hacia el cielo con expectación y respeto. Fue un evento que unió a miles en la contemplación, desde la costa de Las Palmas hasta los picos del Teide, uniendo generaciones en el asombro ante la perfección matemática del universo.
Antes de eso, en el siglo XX, el eclipse lunar total de julio de 1935 también fue notable, cubriendo la luna con un manto rojizo que los científicos locales aprovecharon para estudiar los movimientos celestes, mientras la población lo vivía con mezcla de superstición y maravilla. Estos episodios históricos nos recuerdan que, aunque la ciencia ha avanzado y ha desenmarañado las causas de estos fenómenos, el eclipse sigue siendo para Canarias —como para todo el mundo— un instante en que el tiempo parece detenerse, en que el hombre vuelve a mirar hacia arriba y a sentirse pequeño, pero no menos conectado con el vasto misterio que es el universo. Así, cuando los próximos eclipses anuncien su llegada entre 2025 y 2028, no solo estaremos ante un evento astronómico, sino ante un eco ancestral, una continuidad de la historia humana que sigue escribiéndose bajo el mismo cielo, donde sombras y luces se entrelazan para recordarnos la belleza y fragilidad de nuestro paso por el tiempo.


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