La paranoia de Franco con la Batería de San Juan en la capital grancanaria

Las ruinas de la guerra, olvidadas por la mayoría, nos recuerdan que la paz es un trabajo constante y que las cicatrices del pasado, por profundas que sean, siguen ahí para ser leídas

OPINIÓN29/08/2025JOSÉ LUIS JIMÉNEZJOSÉ LUIS JIMÉNEZ
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Batería de San Juan, en Las Palmas de Gran Canaria I Foto: Bengt Nyman

En una isla, donde el tiempo se mide en olas y el pasado es una presencia constante, las ruinas de la guerra se alzan como fantasmas de acero y cemento. La Batería de San Juan y las Mesas de San Juan no son meros vestigios de un conflicto pasado; son las cicatrices de una historia no contada, el rastro de una amenaza que nunca se materializó, pero que estuvo a punto de cambiar el destino del Archipiélago. El espacio languidece porque las autoridades competentes son incompetentes.

El miedo como arquitecto

En los albores de la Segunda Guerra Mundial —detallan los profesores Artemi Medina y Juan José Díaz Benítez, de la ULPGC, en "Batería de San Juan y Mesas de San Juan (Gran Canaria): Arqueología de la Segunda Guerra Mundial en Canarias"—, con la España de Franco lamiéndose las heridas de su propia guerra civil, las Islas Canarias se convirtieron en un punto de tensión en el tablero geopolítico. La "tentación belicista" de un régimen que simpatizaba con el Eje de Hitler y el fantasma de una posible pérdida de Gibraltar en el caso de que España entrara en la guerra, llevó al Reino Unido a planificar la ocupación de las Islas. El miedo, en este contexto, fue un arquitecto de la defensa.

Las autoridades militares del franquismo, conscientes de la vulnerabilidad de las Islas, se embarcaron en un "amplio programa de fortificaciones", que no se limitó a los puertos y ciudades, sino que se extendió a todas las playas susceptibles de un desembarco. La arqueología del conflicto, una disciplina que va más allá de los documentos, nos permite entender la magnitud de este esfuerzo. Las fortificaciones, el armamento y hasta los grafitis en los búnkeres nos hablan de una época de paranoia y preparación.

El nacimiento de una fortaleza

Y es que la Batería de San Juan, que ya existía desde el siglo XIX, nació del auge portuario de Las Palmas de Gran Canaria, que la convirtió en un objetivo militar. Diseñada como una "batería barata" o "económica" de fácil construcción, fue artillada con cuatro obuses Ordoñez de 210 mm, que, si bien tenían un alcance de 9.000 metros, reducían su efectividad a 5.500 metros debido a su emplazamiento. Su diseño, que utilizaba la montaña natural, la hacía parecer una pirámide escalonada que se fundía con el paisaje.

Sin embargo, a medida que la tecnología avanzaba, la Batería de San Juan se quedó obsoleta. A pesar de ello, se ordenó su reactivación ante la inminente amenaza. Es entonces cuando se planifica la construcción de una nueva fortificación: la Batería de Mesas de San Juan.

El ocaso de los obuses

Construida en la misma cresta de la montaña, la Batería de Mesas de San Juan estaba dotada con tres cañones Krupp de 150 mm, que venían a reforzar el frente litoral este de la Isla. Mientras se construía, la vieja Batería de San Juan albergó un puesto de telémetro y una posición antiaérea, dotada de un cañón Oerlikon mejorado. En 1943, la Batería de San Juan fue declarada fuera de servicio, y en 1946 se propuso su desartillado definitivo. En 1955, el Estado Mayor Central ordenó el desartillado de todas las baterías Ordóñez. Al final de la década, las piezas de artillería desaparecieron, y lo que quedó de ellas es la silenciosa y monumental herencia que hoy se levanta en la ciudad.

El estudio de estas baterías no es solo una labor arqueológica; es un acto de memoria, una forma de entender la historia no como un relato distante, sino como una presencia tangible. Las ruinas de la guerra, olvidadas por la mayoría, nos recuerdan que la paz es un trabajo constante y que las cicatrices del pasado, por profundas que sean, siguen ahí para ser leídas. Para los profesores Medina y Benítez, el conjunto de Mesas de San Juan pertenecen a un momento concreto de la Historia. Es decir: "Representan el apogeo de un tipo de baterías y una manera de pensar la guerra. En el mismo espacio, se asiste al ocaso de todo un sistema de defensa, que tiene su origen a mediados del siglo XIX y con la Segunda Guerra Mundial llegará a su máximo desarrollo para quedar obsoleto definitivamente a la conclusión de esta".

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